Cuando se estimula a un niño, desde su nacimiento hasta la etapa escolar, debemos establecer pautas concretas acerca de lo que queremos lograr. Es decir, así como en la adultez, no todos los niños tienen los mismos gustos ni preferencias y, dependiendo de los ambientes en los que se hallan desarrollado y de sus características personales, no se adueñarán de su propia inteligencia de la misma forma.
Un individuo no es más inteligente que otro, sino que cuenta con habilidades distintas. Así habrá niños a los que les cueste mucho matemática pero sean excelentes en su expresión linguística. En general las características inteligentes del ser humano son demostradas desde el nacimiento, o incluso antes, en la etapa prenatal. Nuestros organismos son inteligentes, nuestro desarrollo, desde los reflejos hasta la adquisición del lenguaje, es un signo claro de la inteligencia. Las distintas habilidades intelectuales en su combinación producen la inteligencia de cada ser humano y lo hacen único.
Existen varias habilidades intelectuales, algunas conocidas como "Inteligencias múltiples" y otras que serán agregadas porque es cuestionable su establecimiento como modo de interacción con el mundo y su lugar en el cerebro humano, ellas son: (inteligencia)
- musical
- linguística
- lógico-matemática
- espacial
- interpersonal
- intrapersonal
- cinestésico-corporal (creación del movimiento)
- emocional (C.E)
En general el coeficiente intelectual (C.I), totalmente medible, interactúa con el coeficiente emocional (C.E) moldeando una personalidad única.
La inteligencia puede ser estimulada, pero jamás se debe presionar a un niño y exigir que desarrolle habilidades que no son de su interés, ésto resulta muy perjudicial para su desarrollo. (De la misma manera que no se presiona a un bebé de 2 meses a hablar, ya que aún no han madurado sus cuerdas vocales ni su área de lenguaje en el cerebro)...
La inteligencia es interacción con el ambiente, adaptación; las características genéticas y biológicas se combinan con el medio (social, cultural, afectivo y físico) para dar lugar a una conducta singular en cada ser humano. La clave del éxito es dejar a cada ser adueñarse de la propia inteligencia, utilizarla libremente, imaginar, equivocarse y volver a intentar, desarmar para volver a rearmar, etc.