domingo, 4 de julio de 2010

Nuevos niños...

Desde ya varios años atrás vemos que los niños no se comportan de la misma manera, tienen nuevos recursos para responder ante los problemas cotidianos con inteligencia y superan todas las expectativas, sorprenden, no sólo a sus padres sino también a médicos y terapeutas de diferentes disciplinas.
Muchos especialistas se han preguntado de dónde viene este cambio, si tiene que ver con una evolución genética del ser humano; con una acumulación de conocimientos que se trasmiten gracias a la memoria celular, de generación en generación; si es más bien un avance espiritual o tal vez uno psíquico...Pero desde el lugar que lo analicemos, esta variación, en algunos pequeña, en otros muy marcada, da cuenta de un salto importante en el comportamiento y en la evolución de nuestra propia raza.
Hoy podemos ser testigos que muchos niños no responden adecuadamente al sistema educativo pre-existente, fracasan, se aburren, lo desafían constantemente. Deberíamos preguntarnos qué hacer para cambiar esto, cómo actuar ante semejante controversia. Es realmente llamativo que veamos que los niños no son los mismos que unos cuantos años atrás, sin embargo, optemos por insistir en ofrecerles una misma tipo de educación, que en definitiva, en la mayoría de los casos, no es eficaz.

Cada ser humano es único y debería recibir una educación más específica, que se enfoque en lo particular. Podemos percatarnos día a día que estos nuevos niños tienen mayores capacidades, son mas lúcidos, se interesan por cosas que no les ofrecemos desde el sistema existente. La influencia de los avances tecnológicos y quizá un ambiente facilitador para un desarrollo más activo, hacen que las generaciones se diferencien de manera considerable.

Estos nuevos niños muestran un gran potencial a nivel físico, mental y hasta espiritual, pero la educación clásica está estructurada de tal manera que este potencial es subrogado, reprimido, y hasta anulado completamente en ocasiones.

Quizá haya llegado el momento de introducir nuevas ideas, nuevas herramientas para el aprendizaje, porque tal vez no sea cambiar lo que se enseña sino cómo se lo hace. También es interesante pensar una educación diferente desde las inteligencias múltiples, donde se parte de cada niño, desde sus capacidades, intereses y facilidades, para aprender de allí todo lo demás.

Debemos entonces preguntarnos, los padres, los educadores, los terapautas, y creo que toda persona debería hacerlo, qué esperamos de los niños como futuros constructores y organizadores de la humanidad. ¿Qué clase de educación queremos brindarles, qué tipo de seres humanos queremos que sean?

Cada niño es un granito de arena que llenará un espacio en la construcción de un mundo mejor, por eso debemos hallar la forma de romper con las cadenas que nos atan a paradigmas obsoletos ya, no podemos seguir insistiendo en que aprendan y que funcionen de la misma manera, ni pretender que se organicen en masas homogéneas, porque en la diversidad está la riqueza...

Es muy importante que los educadores privilegien las aptitudes y las habilidades del niño por sobre todas las cosas, en especial aquellas que son particulares de cada uno y no que fuercen el aprendizaje, masificando a los grupos que educan.

Se debería tratar a los niños como aprendices independientes, ayudarlos a desarrollar al máximo su potencial en todos los aspectos de la vida. Promover no sólo la instrucción (el aspecto cognitivo) sino también la sociabilización, el crecimiento emocional, el desarrollo físico y la imaginación. Todas las destrezas pueden desarrollarse y no hay que ennoblecer el desarrollo de la inteligencia lógico-matemática subestimando a las demás, por ejemplo.

Cada niño es sede de una gran capacidad e ideales que le son propios. Todos desarrollamos mas o menos diferentes inteligencias: lógico-matemática, lingüística, espacial, musical, corporal-kinestésica, naturalista y emocional (según la descripción de Howard Gardner acerca de las Inteligencias Múltiples), pero es seguro que cada uno posee mayor potencial para alguna de ellas. Esto posibilita la diferenciación entre las personalidades y con ello un mayor crecimiento y enriquecimiento para la sociedad.

El juego, el arte, el contacto con la naturaleza cumplen un papel importante en el cambio también, ya que desarrollan capacidades que serán las bases de todo aprendizaje posterior y no sólo en los primeros años de vida, en el Jardín de infantes, sino a lo largo de todo el curso escolar.

El juego abre caminos para incorporar nuevos conocimientos y posibilita el contacto enriquecedor con los otros, además de permitir una interiorización y activar el proceso imaginativo, tan saludable para los niños.

El arte es la llave para que los niños ELIJAN su propios caminos, plasmen su expresión, sus emociones. La producción artística permite que encuentren la manera de diferenciarse de los demás, al tiempo que aprendan a valorar esas diferencias, es decir, a no menospreciar las cualidades de los otros ni estimarlas por sobre las propias.

El contacto con la naturaleza es vital, armoniza nuestros sentidos, brinda serenidad y nos conecta con nosotros mismos. La actividad al aire libre nos da la posibilidad de movilizarnos, relacionarnos con la naturaleza en una forma directa y acceder a sus beneficios. El niño se siente en libertad y se produce una conexión íntegra entre el cuerpo y la mente. Podemos agregar también que conectarse con la naturaleza implica relacionarse con los animales y esto es muy ventajoso para ellos. Por ejemplo, cuando los niños tienen a cargo a su mascota, comienzan a establecer prioridades, a organizarse como personas responsables al cuidado de la misma, a enriquecer su capacidad para comunicarse de forma no lingüística, etc.

Por eso es importante jugar en clase, realizar trabajos artísticos libres, encontrar la manera de conectar el aula con la naturaleza.

Ya existen métodos nuevos de educación que se basan en el desarrollo particular de cada niño y que no están conformados por estructuras curriculares fijas y cerradas. Pero aún no son universales, solo existen en muy pocas escuelas en algunos países.

Estos nuevos métodos necesitan, además, una instrucción correcta para los padres y para los propios educadores.

Necesitamos una nueva escuela, más integral, que desarrolle en los niños esas capacidades que valoramos en la adultez. Los niños necesitan tiempo y espacio para dejar en libertad su espontaneidad e imaginación, para encontrarse con ellos mismos y poder elegir qué aprender y cómo, para acumular su propia experiencia. La sociedad necesita progresar, avanzar por nuevos caminos y así cambiar para que este mundo tan lastimado progrese, sea mejor. Quizá la raíz de este cambio, la llave, se encuentre en los nuevos niños y en su correcta educación...