Desde que los padres se enteran del embarazo hasta que el niño nace, la familia completa de éste ser que está por llegar se llena de expectativas y deseos. Los padres imaginan como será su hijo, que cosas les gustará y que cosas no, sueñan con el jardín a donde lo llevarán, los amigos que tendrá, la carrera que elegirá...Esto es absolutamente normal y nos va dando una idea de quién será este niño y en que tipo de hogar nacerá. No es lo mismo una familia que fantasea con estas ideas que aquella que no posee expectativa alguna, este último caso nos hace preguntarnos si este niño fue o no deseado.
Todos los factores antes mencionados (el deseo puesto sobre ese niño, las expectativas acerca de su futura vida, el como será recibido una vez incorporado en el hogar y en la familia) juegan un factor fundamental en el desarrollo psicomotriz del infante.
Cuando irrumpe en la vida de una familia el nacimiento de un niño con necesidades especiales, se genera un impacto muy fuerte sobre las expectativas y deseos, éstos se quiebran y dan lugar a dudas, miedos y desesperación. Los padres dejan de lado todo aquello que se habían imaginado, temen que nada de ello se cumpla y no saben muy bien como comenzar a establecer contacto, criar o sencillamente amar a este niño que les parece ajeno. La primera impresión genera rechazo, inconformidad, incluso culpa.
Luego de un tiempo y con el respaldo de profesionales éstos sentimientos van haciendose a un lado, aunque en general la discapacidad genera una marca con la que es difícil vivir. Sin embargo, por suerte, muchas familias comprenden que el primer paso para el desarrollo de sus hijos es aceptarlo tal cual es, sin encasillarlo. Es el niño quien tiene la discapacidad y no ella al niño, lo cual no lo hace incapaz de conocer y aprender, de desarrollarse y crear, etc.
Cuando el primer paso está dado, la aceptación y la inclusión del niño en ese mundo biopsicosocial(que implica adaptación del hogar y familia acordes), el trabajo que queda, aunque no es poco, resulta más fácil. El bebé puede ser incentivado de la misma manera que uno sin discapacidades atendiendo siempre a las necesidades específicas de cada niño. Los profesionales guiarán en cada momento para su inclusión en los aspectos cotidianos inicialmente, para luego ingresar a los mas extensos y el afuera del hogar (incluída la escuela)
Para volver sobre un aspecto preponderante, hay que subrayar la importancia que tienen la aceptación y la comprensión de la enfermedad y sus síntomas, como así tambien de la discapacidad, por parte de la familia del niño. Esta debe saber acerca de los pro y los contra, organizarse desde la estructura del hogar (el baño, el dormitorio, etc) como también desde lo psicológico, el lugar que ocupa cada uno en la familia (tomando en cuenta a los hermanitos existentes y por venir del niño, para que todos conserven su individualidad e importancia dentro del seno familiar)
Se debe trabajar sobre las necesidades especiales, tanto del niño como de la familia, para que no se produzca un nuevo quiebre. El deseo y las expectativas deben resurgir con nuevas formas para que se genere un espacio de armonía y oportunidad.
domingo, 16 de noviembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario